Es natural que aun muchos estudiantes de medicina sientan que su dinero está en el lugar equivocado; y pues para ser sincero yo creo que están en lo correcto, pues hay que estar consciente de que es lo que se quiere en realidad, porque una cosa es estudiar medicina y otra muy diferente el ser médico, ya que en el primer caso están los que las cursan por gusto, afinidad, obligación, mejora de nivel socioeconómico, etc.; y en el segundo caso están los que se desempeñan como médicos que son aquellos que no aman su profesión y simplemente se dedican a cumplir un horario, estos son los mala clase, pedantes y egocéntricos, pero también están los que son médicos, que son conscientes de sus responsabilidades, quieren y apoyan a sus pacientes y se esmeran por ser cada vez mejores en su labor u oficio. Ya sea para servir de aliciente o para aclarar dudas, les muestro un caso, el del Dr. Aldo Lucchetti, medico infectologo del centro de estudios San Marcos:
Cuando me postule a medicina no estaba seguro si era lo que realmente quería hacer o no. Muchas veces pensaba que me iba a costar ocho años tener una profesión, pero el fruto, al final, iba a ser ganar un buen estatus y mucho dinero.
Comencé a estudiar medicina mas por el reto de conocimientos que esto implicaba que por la vocación de servicio o el gusto por las ciencias.
Cuando lleve bioquimica, fisica para las ciencias de la vida y biología molecular me apasione por las ciencias puras y dije que eso era mi fuerte.
En el segundo año hice anatomía. Las salas de disección apestaban y percibí que la imagen del médico bien tiza, tipo Dr. Kildare solo se daba en las novelas rosa. Mi satisfacción muchas veces fue pegarme una borrachera al final de la época de exámenes con mis amigos comparando notas (hay que tener en cuenta que la competitividad entre nosotros es algo de todos los días). Mi vida social se reducía a eso. Creo que literalmente estudie mucho y sobreviví como pude mi segundo año de medicina. Pero me gusto.
El tercer año fui por primera vez a un hospital, por mis notas pude elegir el dos de mayo. Ahí conocí a varios médicos, entre ellos el Dr. Battilana quien en una primera clase nos refirió que ya teníamos elementos suficientes para decidir si seguir o no en la carrera, mucho recuerdo su frase de que esto era el 'punto del no retorno'. No sé si realmente lo fue, pero en ese momento sentí que la medicina era lo mío y ya nunca la iba a dejar.
Aprendí a no quejarme, dedicaba el día entero a los estudios. Pasado los años vi como mis compañeros de colegio avanzaban sus profesiones y se abrían al campo laboral mientras yo seguía paseándome por los hospitales de Lima con mi mandil bajo el brazo, viviendo de las propinas de mis viejos, dado que el estudiante de medicina no tiene tiempo para trabajar. En los hospitales pedía permiso a los pacientes (mis grandes maestros) para que se dejen examinar o me den datos de su enfermedad. En esa vorágine conocí enfermedades de todas partes y de todos los tipos, conocí tifoideas, tuberculosis, diarreas, heridas y tumores increíbles. Más de uno de mis condiscípulos se contagio de alguna de estas enfermedades y hasta alguno no llego a terminar la carrera por otras.
Recuerdo haber querido llorar cuando me encariñaba con un paciente terminal y lo veía morir u otras querer rebelarme contra la injusticia e ignorancia en que nos vemos muchas veces sumergidos. A la luz de estos años pienso que esta vivencia me formo el carácter de medico: ser humano, ser docente, ser objetivo y ante todo saber que el principal deber es calmar el dolor, aunque muchas veces el paciente no se pueda curar.
Luego de todo esto y de un año de internado recibes tu titulo flamante de médico cirujano. Crees que aquí acaba todo, pero no es cierto. Viene el contacto con la realidad. El buen estatus y la holgura económica no llega, te das cuenta que tienes que comenzar a sembrar y que la cosecha va tardar muchos años. Falta el servicio rural, la especialización y luego la actualización académica que nunca se acaba. Actualmente a mis 39 años me doy cuenta que nunca he terminado de estudiar. Nunca se lo suficiente. Mis pacientes siguen siendo mis maestros, me siguen enseñando medicina y sigo aprendiendo de sus vidas.
este es un testimonio verídico que o he querido traer a colación ya que por estos días me he dado cuenta de que muchos de los que estamos estudiando esta carrera profesional solo lo hacen por el "estatus" que supuestamente obtienen con solo ser estudiantes; o tal vez sea yo el que me equivoque y simplemente haya caído en el juego de todos aquellos que ven la medicina como el culmen de la vida de todo ser humano, y que no hacen sino recordarnos la importancia de lo que estamos haciendo y del papel que vamos a jugar en un futuro no muy lejano, que en realidad no va a ser más que el de un trabajador mas de este gran sistema.
No queda más sino decir que cada quien es libre de elegir a su gusto, que no se deben dejar presionar por otros, y que nuestra metas van hasta donde nuestros sueños no lo permitan.

hola! me gustó mucho lo que dijiste y la verdad es q estaba pasando por aquí pues estoy en segundo semestre de medicina y se me hace muy difícil aprobar las materias y no me va muy bien en la escuela a pesar de que estudio mucho; pero amo medicina y la verdad no se si estoy equivocada en la carrera... estudio de pronto demasiado y luego me desanimo y no se si sea normal; me gustaría que me dieras tu opinión, pues la verdad necesito escuchar algo que me sirva para orientarme; pues desde pequeña he querido ser doctora y estudié enfermería antes para llevar algo de conocimiento; lo único que me gusta aparte de medicina son las artes plásticas; pero no quiero renunciar a medicina sin saber que realmente que es lo que debo hacer.